Aunque hoy no existe como tal, tiene el privilegio de ser la primera raza equina creada en el país. Su origen surge a mediados del Siglo XIX, en la estancia La Uruguaya, de Don Enrique Artagaveytia, a partir de yeguas Criollas y padrillos europeos importados. Su tipo reunía condiciones tales como la belleza, la sobriedad, la mansedumbre, la resistencia, la fuerza y la elegancia. Estuvo presente en las primeras exposiciones del Prado, como raza en formación, cuando no se presentaban ni Criollos, ni Árabes, ni Cuarto de Milla. Perduró por 30 años y se presentó por última vez en la exposición de 1943. |